La fachada principal, hacia la plaza de la Armería, es la situada a los pies del templo, y mira hacia la cara sur del Palacio Real. Se compone de un gran pórtico de columnata doble, siendo el piso inferior de inspiración toscana y el superior jónico. Este conjunto, de aire neoclásico, fue rematado después de la consagración de la catedral por una hornacina barroca, cobijando una imagen de la Virgen de la Almudena. Se colocaron también cuatro estatuas, obra del escultor Ramón Chaparro, que representan a cuatro santos españoles: san Isidro Labrador, santa María de la Cabeza, santa Teresa de Jesús y san Fernando Rey, realizadas en piedra blanca de Colmenar Viejo.
En el balcón, una vidriera de diez metros cuadrados que representa a la Virgen de Lis. Y cuatro estatuas que representan a los cuatro evangelistas, del escultor José Luis Parés.
Hay dos grandes escudos, ejecutados también por el escultor Parés. Ubicados en la parte inferior, están realizados en piedra: representan las Armas Plenas de la Casa Real Española y el escudo del papa que consagró la catedral, Juan Pablo II. Junto a los escudos, en dos hornacinas, están las estatuas de san Pedro y san Pablo, obra de Juan de Ávalos.
Las puertas son de bronce. La central tiene adornos con el tema trinitario, ante lo que fue el Nuevo Milenio del 2000; una de las laterales hace referencia a la Monarquía católica de España, con efigies de los reyes de la Reconquista; la otra, está dedicada a Hispanoamérica. Son obra también del escultor Sanguino.
La catedral tiene planta de cruz latina, compuesta por una nave central y dos laterales, amplio crucero de tres naves; cabecera curva con girola y cinco capillas radiales. Contrasta el exterior de la catedral, de estilo ecléctico en el que predominan las líneas neoclásicas y barrocas, con el interior, que sigue los patrones del estilo neogótico, incluyendo vidrieras polícromas y triforio. Gran parte del mobiliario litúrgico sigue también este estilo. La mesa del altar mayor es de mármol verde, y se encuentra en el centro del crucero. A la derecha del mismo se encuentra la cátedra episcopal, de líneas gotizantes, tallada en nogal en 1885. Detrás del altar mayor, preside el presbiterio una escultura de Cristo crucificado, de estilo Barroco, obra del insigne imaginero cordobés Juan de Mesa y Velasco (1583-1627), tallada en 1620 y que al igual que la sillería del coro, procede de la Colegiata de San Isidro, para la que fue encargado por el Colegio Imperial.
La Virgen de la Almudena, patrona de la ciudad, tiene su altar en el crucero de la nave derecha, frente a la entrada por la calle de Bailén. Es un altar elevado, al que se accede por dos escaleras laterales con barandilla de bronce. La Virgen, imagen de madera tallada de estilo gótico, está colocada en la hornacina central de un valioso retablo, pintado por Juan de Borgoña a finales del XV. Lo forman dieciocho tablas pintadas con escenas de la vida de Jesús y María.
Bajo el arco rebajado formado por las escaleras, se halla un altar presidido por un gran crucifijo de marfil, ante la sepultura de la reina María de las Mercedes, esposa de Alfonso XII. Sus restos fueron trasladados desde El Escorial en el año 2000, cumpliendo la voluntad de la soberana de ser enterrada a los pies de la Virgen.
Al comienzo de la girola, se encuentra la Capilla del Santísimo. En la intersección con el crucero, cerca de ésta, se expone un gran cuadro, que presidió durante algún tiempo el altar mayor de la catedral, representando Los preparativos para la Crucifixión; es una de las obras maestras del pintor Francisco Ricci (siglo XVII), notable por su atmósfera recargada, movida y tensa, siendo sin duda una obra clave del Barroco decorativo español.[3] A los pies de este lienzo, un excelente Cristo Yacente de Juan de Ávalos, de anatomía muy realista. En el brazo del crucero opuesto, se puede contemplar un retablo compuesto por tablas pintadas de estilo Gótico, obra de un maestro castellano anónimo de los siglos XIV-XV.
La capilla central de la girola está dedicada a san Isidro Labrador y su esposa, santa María de la Cabeza, cuyas imágenes, tallas policromadas barrocas, atribuidas a Juan Villabrille y Ron (siglos XVII-XVIII), flanquean el arca funeraria, del siglo XIII, que durante un tiempo contuvo los restos incorruptos del santo (en la actualidad, en la Colegiata de San Isidro). Es ésta una obra singular de arte medieval, con diversas escenas pintadas con pasajes de la vida del santo.... |